Carol Bove
Una gran retrospectiva de la artista estadounidense Carol Bove, conocida por esculturas que doblan, tuercen, comprimen y transforman materiales industriales en algo inesperadamente sensual. La rotonda del Guggenheim convertida en un sueño escultórico.

Crédito de imagen
Carol Bove, Cutting Corners, 2018. Stainless steel and urethane paint, 35 7/8 × 38 7/8 × 38 5/8 in. (91.1 × 98.7 × 98.1 cm). Private collection. © Carol Bove Studio LLC. Photo: Maris Hutchinson/EPW Studio
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Escultura ContemporáneaArtLovers Tip
Una exposición imprescindible en Nueva York si buscas una escultura que se sienta física, inteligente y extrañamente bella: materiales pesados que sueñan con volverse ligeros.
Destacados - Qué vas a ver
Esto no es la escultura como objeto estático. Es la escultura como presión, ilusión, equilibrio y sorpresa.
Carol Bove trabaja con materiales que parecen casi imposibles de domesticar: acero, chatarra, aluminio, vidrio, piedra, madera a la deriva, conchas, plumas, superficies pintadas. Pero en lugar de hacer que se sientan pesados o agresivos, a menudo hace que parezcan ligeros, plegados, casi tiernos.
En el Guggenheim, su obra se apodera de la arquitectura en espiral de Frank Lloyd Wright. La exposición reúne esculturas, instalaciones, pinturas, dibujos y obras sobre papel, trazando más de dos décadas de experimentación. Recientes obras monumentales de acero aparecen junto a ensamblajes anteriores y piezas conceptuales, mostrando cómo Bove ha construido un lenguaje entre el minimalismo, el surrealismo, el diseño, la arquitectura y la tensión corporal.
¡No te lo pierdas!
Porque Carol Bove hace que la escultura se sienta viva de nuevo.
Su trabajo juega con las contradicciones: duro y blando, brutal y elegante, industrial e íntimo, masculino y femenino, permanente y frágil. Toma el vocabulario de la escultura a gran escala —históricamente dominado por materiales pesados y gestos heroicos— y lo moldea hacia algo más ambiguo, psicológico y extraño.
En el Guggenheim, esto cobra una fuerza especial porque el edificio ya es de por sí una experiencia escultórica. La rotonda no es solo un contenedor; se convierte en parte de la obra. Uno no se limita a mirar las esculturas de Bove: se mueve a su alrededor, por encima, a su lado y a través del ritmo del edificio.
Para los amantes del arte, este viaje merece la pena porque es una de esas exposiciones en las que el museo y la artista se potencian genuinamente el uno al otro.
Cómo vivirla
No empieces preguntándote qué «significan» las esculturas. Empieza por lo que le hacen a tu cuerpo.
Camina despacio. Observa cómo las obras parecen cambiar a medida que subes por la rampa. Desde un ángulo parecen comprimidas y violentas; desde otro, casi gráciles. Fíjate en la pintura, los pliegues, el metal aplastado, la tensión entre la elegancia y la fuerza.
Y presta atención al propio Guggenheim. Lo mejor de esta exposición puede ser el diálogo entre las formas retorcidas de Bove y el espacio en espiral de Wright.

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