Para Paolo Antonio Martini, el dibujo era el lugar donde la arquitectura se convertía en imaginación: cincuenta años de cuadernos de bocetos revelan una mente inquieta que transformaba constantemente la observación en ideas.
Mira los dibujos como una forma de pensar más que como una preparación para la arquitectura. Para Martini, el dibujo era simultáneamente observación, diseño, narración y sueño.
Ambiente para amantes del arte: Curioso · Íntimo · Imaginativo · Arquitectónico
En la exposición
Paolo Antonio Martini. Disegno e dunque sogno se puede visitar en las Sale Fabiani del Palazzo Medici Riccardi, Florencia, del 28 de mayo al 13 de septiembre de 2026. Organizada por la Fondazione MUS.E, está comisariada por Samuele Caciagli y Francesco Gurrieri, a partir de un proyecto de Laurence Morel, Charlotte Martini y Sibylle Martini.
Martini —a menudo conocido simplemente por sus iniciales PAM— nació en Massa en 1943 y falleció en Florencia en 2022. Arquitecto, ilustrador y dibujante, se describía a sí mismo con la idea híbrida de un “archi-sta”, reflejo de una práctica en la que la disciplina arquitectónica y la libertad artística se solapaban continuamente.
La exposición toma su título de una de sus expresiones favoritas, Disegno e dunque sogno —que equivale a “Dibujo y, por lo tanto, sueño”—. Captura su creencia de que el dibujo no era solo una forma de representar una idea terminada, sino un medio para descubrirla.
Su núcleo es una selección del extraordinario archivo de más de 100 cuadernos que abarcan desde 1972 hasta 2022. Los bocetos conviven con anotaciones, acuarelas, estudios arquitectónicos, ilustraciones, cómics y personajes imaginarios. Juntos revelan un proceso creativo en el que los límites entre la arquitectura, el arte y la narrativa se vuelven deliberadamente porosos.
Martini también dejó una huella visible en Florencia como arquitecto. Entre sus proyectos figuran el sistema de aparcamiento y plaza Parterre en la Piazza della Libertà y la restauración del antiguo convento Paradiso degli Alberti.
Por qué merece el viaje
★★★½ — Vale la pena la parada, especialmente para los amantes de la arquitectura y el dibujo.
No es una exposición de masas, pero sí un descubrimiento gratificante. Su encanto reside en acercarte de forma inusual al proceso creativo en sí mismo: el momento antes de que la arquitectura se convierta en un edificio, cuando aún existe como una línea, una observación o una idea en un cuaderno.



